Siento que me desplazo a través de la serena niebla de un mundo diferente.
No tengo ojos y soy incandescente. Aún sé que te escribo.
Traspaso fácilmente las montañas de vacío que cubren una
excelsa pradera.
La piel ha dejado de cubrirme, pero no tengo frío, ni
asperezas, ni rareza.
He dejado de ver la luna en esta extraña silueta exenta de
colores,
absorto por los placeres.
Y toco y no siento siquiera el roce de una flor.
Hay un baile a mi alrededor que desprende un sonido que
resuena como gotas de lluvia.
Envuelto en un suave perfume que impregna el sueño de un
sueño. Sueño que no cesa. El sueño que descubro en la suavidad de no tener presencia.
Me atraviesa. Me embelesa en ese segundo que me separa de la
eternidad.
Sin estruendos. Sólo un abismo me separa de mí.
La luz se retuerce entre rayos de glorioso mineral. Oro
sobre cal.
Los cartuchos no guardan la voz. Se ha difuminado entre el
único pensamiento
del que soy consciente. Tampoco guardan el nombre. Se
despide la bruma.
Se recogen las memorias que rompen el velo, allí, entre el algodón que me envuelve
versos inacabados
VersoRojo
versos inacabados
VersoRojo
Versos que no acabarán entre el algodón que me envuelve.
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