Protégeme, Sol, del fracasado frío
que sucio llama a mi puerta
Tiemblo con la presencia de su soga
Escóndeme, oscuridad,
en las entrañas de tus costuras
No permitas pasar luz que me delate
Déjame ser flor
en mi profundo jardín
polinizando el color de los versos
muertos en su lecho
Muerdo el sinfín y el continuo
Rasgo el cortejo
Fuerzo a que surja el sonido
entre maldito silencio
Devuélveme, ¡oh Dios!, al reino
de los seres sin pecado
Revuélveme para no dejar de ser
O ser el más imperfecto
de los diablos
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