Sobre tablas marchitas
rémoras de madera envejecida
tenuemente aun se leen sus
nombres
envilecidos en olvido de
cal
envueltos en verde moho escondiendo
su oro perdido
capricho de un pálido
recuerdo
que asoma en su rancio olor
Cada uno de sus nombres de
muerte y hechizo
en mi espalda salpican
en espinoso latigazo
rasgando en surco hundido
mi frágil piel
Y así, cada instante, sin
descanso, en vértigo perpetuo
extenuándome en dolor de
alfombra extensa
en relámpagos que claman su
voz perdida
se trenza la carcomida historia
testigo de noches de
insomnio y alcohol
cual caballo asolador de la
droga que asfixia
Tablas que grabaron en su tenebroso
hueco
un epitafio
el nombre del hombre más joven
VersoRojo
Me impresiona mucho este poema por el enfoque tan profundo que le das. El eterno problema del hombre: ¿cómo gestionar el tiempo? ¿Con acierto o con el más funesto desacierto? Tus letras invitan a la reflexión y a releerlas por la variedad de mensajes que proyectan tus versos. Felicidades, me encantó leerlo. Besos Verso Rojo
ResponderEliminarGracias. Es cierto que mis letras buscan la reflexión. Esa verdad que nunca se encuentra.Besos Elonora
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