El peso de los ciegos
enroscado en la belleza de las perseidas
se hace liviano
Y se encierra consigo mismo
Y con el tiempo
Viaja en la metáfora, milagrosa encerrada en su ánfora
Y al dormirse se roza con los fantasmales labios
en profundo éxtasis
dibujando el boceto de una horca
para darse miedo
¡Haz que caiga Belcebú a tus pies!
en una silueta que se esfuma
Se evade, siempre
En todas las miradas
En los blandos rincones
Junio bajo sus montes
El cordero entre sus dientes
Es liviano el hilo que lo arrastra
abandonando el pasado de la losa insufrible
Losa que se suda antes de una muerte
En el cortejo de los ojos ciegos
marchitos, caídos, tal vez perennes
VersoRojo
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